EL FIEL BOBBY

Greyfriars Bobby fue un perro de la raza Skye Terrier que se hizo conocido en Edimburgo en el siglo XIX por permanecer junto a la tumba de su dueño, John Gray, hasta su muerte el 14 de enero de 1872.

Bobby fue durante dos años el inseparable amigo del policía local John Gray, cuando falleció de tuberculosis el 8 de febrero de 1858 fue enterrado en el cementerio Greyfriars y se dice que Bobby, que vivió durante 14 años paso el resto de su vida junto a la tumba de su querido amo John. Mientras tanto los vecinos lo cuidaban en cada visita al cementerio, hasta que su vida se apago, murió en 1872 sobre la tumba de su amo y fue enterrado junto la puerta del de la Greyfriars Kirkyard, cerca de la tumba de Grey, pero no en el mismo cementerio por considerarse un lugar sagrado.

Pero inmediatamente el escultor William Brodie creó una estatua de Bobby a tamaño real, para recordar su fidelidad ante su amo. La escultura antaño miraba hacia el cementerio donde descansa su dueño, pero un antiguo dueño de un bar de al lado del cementerio lo cambio para que los turistas al fotografiar la escultura saliera de fondo el bar. Originalmente fue construido como bebedero, teniendo una fuente en la parte superior para los humanos y otra inferior para los perros. Alrededor de 1975, en medio de amenazas para la salud pública, se cortó el suministro de agua, al igual que en todas las fuentes de agua potable de Edimburgo. Poco después se rellenaron con hormigón ambas cuencas. Después de haber sido embadurnada con pintura amarilla, presuntamente a manos de los estudiantes, en la noche de las elecciones generales de 1979.                                                                                                                                                                         

Por otro lado, una lápida de granito rojo fue erguida sobre la tumba de Bobby, para recordarle y ser utilizada a modo de santuario, esta suele estar cubierta de palos y juguetes para perros para que Bobby los siga buscando.